12 septiembre 2008

sobre las webs de música mp3 y su génesis

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Que el futuro del mercado musical está en Internet es algo que hoy en día no admite ya discusión alguna. Sin embargo, a finales de los años 90 ésta no era una afirmación tan evidente.
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Por aquel entonces, El iPod y su web iTunes, considerados por algunos expertos como un sistema algo adelantado para su época, no eran ni siquiera un proyecto; recuerdo que el lanzamiento del primer iPod tuvo lugar en 2001 y que iTunes se puso en marcha en 2003. Sin embargo, ni Apple ni Steve Jobs, ferviente defensor del proyecto, iban a ser los únicos visionarios en este terreno, ya que la revolución había comenzado cuatro años antes.
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El germen del cambio empezó a propagarse en 1995, año en el que la extensión "mp3" se generalizó para la compresión de archivos musicales gracias al uso Internet. La aparición del mp3, su uso en la Red y la evolución de los sistemas informáticos propiciaron el caldo de cultivo apropiado para el nacimiento de un nuevo tipo de autor: el compositor que creaba su música en mp3 desde el propio ordenador de su casa y luego la compartía en línea.
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Casi todos ellos eran compositores aficionados o simplemente autores que no hallaban una salida para su trabajo en el tradicional mercado comercial. Pero, eso sí, a todos les unía un interés común: la música como vehículo de expresión y como forma de arte.
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Para alojar su música se crearon webs especializadas, en la que los autores publicaban su trabajo proporcionando audiciones gratuitas e incluso descargas de archivos. En la pionera mp3.com, el top music se decidía a partir del número de audiciones de cada tema, sin más promoción. Desaparecían del escenario los promotores, los ejecutivos, los mercaderes, los soportes, las carátulas... La música dejaba de considerarse una mercancía. Las tiendas de discos eran sustituidas por paneles en los que los usuarios y oyentes dejaban sus impresiones sobre los temas que escuchaban. La música volvía a ser un diálogo directo entre el intérprete y el oyente, pura retroalimentación.
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Tras una década de avances informáticos, los servicios de estas plataformas se han desarrollado hasta límites casi profesionales. Ya no sólo sirven para albergar música, contactar con los autores o intercambiar opiniones con ellos. La mayoría crea un perfil público para sus usuarios, muchas veces personalizable, y algunas ofrecen la posibilidad de añadir fotografías, crear blogs y listas de reproducción, informar a tus seguidores de tus actuaciones previstas y hasta compartir tu música más allá de la propia web, gracias a la creación widgets que permiten insertar en blogs y webs listas completas de reproducción.
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Con el tiempo, también el comercio musical ha desembarcado en la red, aunque con unos pocos años de diferencia. Como consecuencia, la forma tradicional de entender y de adquirir la música se ha resentido. Los comerciantes anclados al viejo sistema reniegan de la informatización del mercado musical y vaticinan su destrucción a causa de las descargas ilegales. Mientras tanto, el pasado 22 de febrero de 2006, las descargas en iTunes habían superado el billón de canciones, a un euro por canción, y el portal suma al día de hoy 65 millones de usuarios.
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Paralelamente, los autores no comerciales, continúan con su actividad en webs donde abundan las audiciones gratuitas y donde el trato directo entre el autor y sus oyentes sigue siendo primordial. De hecho, hoy son muchas las plataformas que ofrecen esa posibilidad: SoundClick (desde 1997), mp3.com, iSound, ArtistLaunch, DowndLoad Music, IACMusic, Jamendo, LDS MusicWorld, Mperia, SoundLift, Rhapsody... Algunas son más comerciales; otras son más bohemias. Pero aquí las iremos desvelando a todas y cada una de ellas, sondeándolas de parte a parte en busca de su autores.
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2 comentarios:

  1. Gracias por tu esfuerzo y enhorabuena por ser así, reconforta saber que la belleza es buscada por alguien más...

    Un tonto, pero no tanto.

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  2. Gracias a ti porque, como siempre digo, este esfuerzo lo hago por mis visitantes; sin ustedes, nada de esto tendría mucho sentido.

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Te doy la bienvenida a mis mares.
Muchas gracias por verter en ellos tus palabras.